
Aunque facilona, y con un final algo apresurado (su metraje es tan solo de 70 minutos), nos encontramos ante un divertido western de serie B bastante bien realizado por el especialista en este tipo de películas –y en este género en particular–, tanto en formato de gran pantalla como en el televisivo, Lesley Selander.
Su mayor virtud es la falta de pretensiones y una cadencia narrativa sin demasiadas hendiduras. Su mayor defecto, la ingenuidad con la que se resuelven las intrigas parciales y el argumento global (pesa mucho la brevedad de su duración) y la fragilidad psicológica de los personajes, quienes, además, resultan muy invariables y previsibles.
Con todo, los espectadores no se sienten defraudados porque, en cada momento, saben que están viendo una humilde y franca cinta del oeste que consigue su primordial propósito: divertir apaciblemente sin apenas tropiezos.
https://www.youtube.com/watch?v=XDISZrQei8Q
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