Pasado tenebroso: drama generacional y suspense

Luis Ángel Lobato analiza este Clásico protagonizado por Dorothy McGuire y Stephen McNally

Luis Ángel Lobato

Un convicto que cree haber matado a su mujer –en realidad no falleció y escapó a México donde vive con otra identidad al lado de su hija– sale de presidio y se entera de que ella vive.  

Desde ese mismo momento, su misión será la de dar con ella para consumar su venganza.   

Con esta alarmante materia, aunque la presente realización tiene el suficiente interés para atrapar al espectador, lo que debería haber sido una penetrante película clásica psicológica, cargada de vibración, de dureza y de inquietud de alguien que espera el regreso de su posible asesino –los actores principales, los estupendos Dorothy McGuire y Stephen McNally, cumplen el cometido que el guion les permitía–, se convierte en un film algo blando, donde se combinan los géneros del drama generacional y del suspense, con una ambientación en un marco rural.

Técnicamente esta obra resulta acertada pero, en el plano narrativo, comete un extraño giro. La narración viene articulada por un largo flash-back aclaratorio que, dentro del argumento de la película, aparenta que va a ser de trascendental importancia para un personaje, y que después queda, lamentablemente, en el olvido.

Si contar una trama con la técnica del flash-back ya resulta espinoso y  en muchas ocasiones  innecesario –regla del maestro Howard Hawks–, cuando no se acierta con el tono apropiado ni con la debida pulcritud, se resta alguna validez a la historia.

Y –quizás lo más controvertido a mi entender– el homicida, más que originar prevención o pánico en sus víctimas, asume el cometido del típico familiar un poco travieso, lo que sustrae, un tanto, verosimilitud al contenido.   

Pero un ritmo trepidante durante casi todo el metraje y, en especial, la larga secuencia final –en un escenario muy poco connatural al cine negro– proporciona la adecuada tensión a este thriller que pudo ser importante pero se quedó en un animoso trabajo de encargo.

Su director, William A. Seiter, hombre forjado en la época clásica del cine americano, y que abordó, como buen artesano, casi todos los géneros, deja alguna huella de ese clasicismo aludido en la presente y divertida cinta.

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