Luisa Cuesta, la primera profesora de Filosofía


Gonzalo Franco Revilla

Luisa-CuestaLuisa Cuesta Gutiérrez  (Medina de Rioseco Valladolid. 19 de Agosto de 1892, Madrid. 1 de Septiembre de 1962). Luisa Concepción Cuesta Gutiérrez era  hija, como podemos leer en su partida de nacimiento, de un sobrestante o capataz Matías Cuesta Esteban, natural de Coreses en Zamora y de Victoriana Gutiérrez Meléndez, natural de Torrelobatón, una mujer dedicada “a las labores propias de su sexo”.

Nació en el número uno de la calle de San Marcos y fue bautizada en la Iglesia de Santiago de los Caballeros. Fue una de las primeras mujeres licenciadas en la Universidad española, en Historia y con premio extraordinario y profesora de la Universidad Vallisoletana durante un tiempo, además de maestra, bibliotecaria y archivera en la Universidad de Santiago de Compostela y en la Biblioteca Nacional, donde por ausencia de su titular en plena  Guerra Civil Española fue directora en funciones.

Nacida en  un pueblo que, a finales del siglo XIX como se decía en el periódico El Financiero Hispanoamericano “…era como si no corriese el tiempo. Una población marcada por el analfabetismo y por la penuria económica, por la influencia de la iglesia católica y por el tradicionalismo más cerril”. Ella lo tenía aún más difícil por el hecho de haber nacido mujer en una época en la que solo una  de cada siete hombres estudiaba bachillerato.

Calle San Marcos Nº1

En 1910 se examina del grado de bachiller en el Instituto de Valladolid y obtiene la calificación de sobresaliente. Tras el Bachillerato, Luisa Cuesta cursa los estudios de Maestra Superior en la Escuela Normal de Valladolid, graduándose con la misma nota y aprobando, con el número uno, una oposición libre en 1914. Al mismo tiempo que ejercía el magisterio se matriculó en la entonces llamada Universidad Literaria de Valladolid para cursar los estudios de Filosofía y Letras durante el curso 1914-15.

luisaEste primer año obtuvo la calificación de sobresaliente con matrícula de honor en todas las asignaturas. Solicitó el traslado para cursar los tres años restantes a la Universidad Central de Madrid (en la Facultad de Filosofía y Letras de Valladolid solo se cursaba por entonces el primer año), traslado que le fue concedido en agosto de 1916, habiendo renunciado previamente al puesto de maestra.

Las calificaciones obtenidas en los tres cursos fueron siempre excelentes, con mayoría de matrículas de honor. Luisa culmina sus estudios en Valladolid en 1918, realizando el último curso de especialización en la Sección de Historia y el examen de licenciatura, en el que obtuvo sobresaliente y premio extraordinario. Posteriormente realiza los cursos de doctorado en la Universidad Central, se supone que por libre, pues por las mismas fechas estuvo trabajando como “auxiliar interino supernumerario” en Valladolid, donde solicitó el puesto al terminar la carrera, que el claustro de la Universidad de Valladolid le concedió por unanimidad.

Entre 1918 y 1921 fue profesora de la Facultad de Filosofía y Letras. A partir de ahora desarrollará también su vocación investigadora, que continuará cultivando durante el resto de su vida. Esta etapa de docencia e investigación culmina con la tesis doctoral que presenta en 1927 en la Universidad Central sobre La Gasca en América: contribución al estudio de la política colonizadora de España en América durante el siglo XVI.

actaLuisa Cuesta oposita en 1920 a Enseñanza Media y obtiene una plaza en Palacios de la Sierra (Burgos), aunque no llega a incorporarse porque en 1921 aprueba las oposiciones al Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos con el número 16. Su primer destino fue la Universidad de Santiago de Compostela, donde toma posesión en julio de 1921. Al mismo tiempo, se matricula en la Facultad de Derecho por libre, siempre obteniendo  excelentes calificaciones.

Ejerce como profesora auxiliar desde 1924 hasta 1930 que se traslada a Madrid pues había solicitado destino a la Biblioteca Nacional.  Entre 1930 y 1935 publica: Los orígenes de

 La Universidad de Santiago: su pasado, su presente y su porvenir, La imprenta en Santiago de Compostela, María Lejárraga de Martínez Sierra, en la revista Vida femenino, Un formulario inédito de Cataluña, e Incunables con grabados en la Biblioteca Nacional de Madrid. Su nueva tesis en Derecho, que leerá en la Universidad Central de Madrid en 1930, trata sobre La colonización de la Patagonia en el siglo XVIII.

En unos momentos históricos de gran efervescencia y de compromiso político, Luisa se afilia a la FETE (Federación Española de Trabajadores de la Enseñanza, de UGT) en 1931. Tras el golpe de estado del 18 de julio de 1936, el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes sustituye la Junta Facultativa por una Comisión Gestora del Cuerpo Facultativo de Archivos, Bibliotecas y Museos.

La postura conciliadora de Luisa Cuesta le trajo complicaciones desde un primer momento con sus propios compañeros, tanto de la FETE como de la Comisión Gestora, pues no siempre estaba de acuerdo, con las decisiones que se tomaron en determinados momentos. Es significativo un hecho a reseñar: al cumplir el encargo de la FETE de acudir a un orfanato en Prosperidad y comprobar, una vez allí, que la finalidad era sustituir a los profesores que tenían ideas de derechas, protestó ante el sindicato alegando que se sentía engañada.

A raíz de la detención masiva de los funcionarios de la Biblioteca Nacional el 2 de octubre de 1936, provocada por los rumores de la existencia en ella de un núcleo de quintacolumnistas, se enfrentó  en una sesión del Frente Popular, en la que intercedió a favor de los compañeros detenidos. Después de eso decidió marcharse a Guadalajara a casa de un hermano, pero fue detenida en la estación y conducida a la cárcel de Toreno, donde permaneció cinco días hasta que dicho hermano, secretario de la Diputación, hizo las gestiones necesarias para que fuera puesta en libertad.

luisaPero el asunto que más problemas le ocasionó fue su total desacuerdo con la decisión de impedir que los sacerdotes pudiesen ejercer cargos en el Cuerpo de archivos por el hecho de ser sacerdotes. De  la extraordinaria labor profesional que la bibliotecaria realizó  en la Biblioteca Nacional queda patente en la memoria que remite en 1939 al entonces Jefe del Servicio de Archivos, Bibliotecas y Registro de la Propiedad Intelectual. En ella expone: “cómo la biblioteca se encontraba cerrada al público, con los fondos sin catalogar y mezclados los manuscritos, incunables y demás libros preciosos con los corrientes”.

Ante esta situación, y para satisfacer las necesidades de la población mientras afrontaba la organización del centro, puso en marcha un servicio de préstamo que tuvo un enorme éxito y que se amplió a hospitales y prisiones. El fondo de la Biblioteca Provincial quedó perfectamente ordenado y catalogado, siendo objeto los aproximadamente 300 incunables y libros del XVI de una precatalogación pendiente de verificar con los índices y repertorios de la Biblioteca Nacional cuando fuera posible. Esta labor es aún más encomiable teniendo en cuenta las condiciones adversas en las que se desarrolló, acentuadas por la proximidad de los frentes de guerra.

Con fecha de 14 de abril de 1939, ya finalizada ésta,  Luisa tiene que realizar una declaración jurada, trámite obligatorio que ordenó el nuevo régimen para todos los funcionarios. El 27 de noviembre se formula un pliego de cargos contra Luisa. Finalmente, el Director General resuelve imponerle la sanción de traslado forzoso durante un año. Luisa es entonces destinada al Archivo de la Delegación de Hacienda de Ciudad Real, con la misión de encargarse además de la Biblioteca Pública de dicha ciudad. Tuvieron que pasar unos años antes de que volviera a ocupar un puesto de trabajo en la Biblioteca  Nacional.

Después estuvo destinada, ya en Madrid, en la biblioteca de la Escuela de Peritos Industriales. Mientras, oposita en 1941 a cátedras de instituto de Geografía e Historia, examinándose por libre en el Instituto Lope de Vega de Madrid. Y entre 1942 y 1955 compaginará su trabajo de bibliotecaria con el de profesora en el Instituto Cervantes.

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Ya antes lo había hecho en el Instituto Lagasca, convertido después de la guerra en la Escuela–Fábrica de Cerámica de Madrid y Escuela Municipal de Artes Industriales. Luisa va a seguir aprovechando todas las oportunidades que se le brinden para continuar ampliando sus conocimientos, dentro de la inquietud y curiosidad que hemos visto que marcó toda su trayectoria profesional.

Así, los veranos de 1946, 1948 y 1949 los pasa en Portugal (acompañada de su hermana Modesta, licenciada en Farmacia y funcionaria también de la Biblioteca Nacional con la categoría de auxiliar), estudiando el funcionamiento de distintas bibliotecas: las de Coimbra y Lisboa En 1949 es nombrada jefa de la Sección de Hispanoamérica, donde permaneció hasta su jubilación. Durante estos años no deja de publicar, no solamente los resultados de sus investigaciones en el extranjero, sino sobre otros aspectos.

partidaLuisa fue una “mujer moderna” de pleno derecho: por sus estudios, investigaciones, profesiones, independencia económica, viajes al extranjero, conocimiento de idiomas, implicación social y política… Porque fue pionera como profesora universitaria, siendo una de las primeras en la Universidad de Valladolid y, posteriormente, en la de Santiago de Compostela. Y porque se sentía feminista, como lo refleja en algunas de sus publicaciones.

El final de su carrera laboral fue parejo, desgraciadamente, al de su vida: se jubiló el 19 de agosto de 1962, habiendo cumplido la edad reglamentaria, y falleció el 1 de septiembre en Madrid.

Como leemos en la necrológica publicada en el Boletín de la Dirección General de Archivos y Bibliotecas, “Terminan, pues, al mismo tiempo, la trayectoria profesional y vital de una persona que no se caracterizó por sus grandes hazañas, pero dio muestras de un gran tesón, coraje y constancia desde sus primeros pasos en un pueblo pequeño llamado Rioseco en Valladolid y de una enorme coherencia personal a lo largo de su vida. Todo ello, junto a su labor como bibliotecaria, callada y discreta pero tenaz, la hacen digna merecedora de este recuerdo, de un homenaje y de reivindicar su memoria”.

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