Las calles de M. de Rioseco. La Rúa. (octava parte y final)


Teresa Casquete / Historiadora del Arte

Con el nombre de Los portales, Los soportales, la Calle Mayor y La Rúa conocemos la actual Calle Lázaro Alonso, que es –desde su nacimiento- el centro comercial y social de Medina de Rioseco.

Esta calle nació siguiendo el recorrido natural del camino que conducía desde Valladolid a León. Tenía su nacimiento en la parte norte en la puerta de Castro y terminaba en la parte sur en la puerta de La Posada, aunque en el siglo XVI, con la construcción del palacio del Almirante y el convento franciscano, se alargó su recorrido hasta el Puente Mayor, a través del Paseo de San Francisco, que terminaba en la Puerta de San Francisco. Un artístico arco renacentista que fue derribado por el Ayuntamiento a finales del siglo XIX, a pesar de las fuertes protestas de la Universidad, la Academia de Bellas Artes y numerosos vecinos. Es realmente triste que el derribo de monumentos, de edificios y casas antiguas e históricas, y el lamento posterior por ello, se haya convertido en una constante de nuestra querida ciudad, en los últimos 150 años.

La historia de nuestra Calle Mayor, está unida a la del propio municipio. En ella se construyeron las viviendas de los comerciantes que tanta fama dieron a Rioseco, con un diseño muy similar todas ellas. Bajo tierra las bodegas de sillería (siglos XV al XVII) y las bodegas excavadas (del siglo XVIII y XIX), con respiraderos en el suelo de la calle. Sobre ellas una estrecha puerta de entrada que da paso a la escalera que sube a la vivienda y a la puerta que comunica con el patio posterior. El local para el negocio, en muchos casos alquilado y un soportal que facilita el tránsito de clientes y la exposición de mercancías, al resguardo de la lluvia y el frío en invierno y el calor y el sol en verano. En los pisos superiores la zona de almacén y la vivienda del propietario, que intenta ganar terreno, sobre el escaso solar volando los pisos sobre canecillos de madera. Y en la parte superior, las buhardillas y, en algunos casos, las galerías de madera que facilitan el secado de productos cárnicos o textiles. Todo ello se alquilaba en la época de las históricas ferias, a los comerciantes que concurrían desde todos los puntos de España y Europa, a la compraventa de los más variados productos. Son numerosos los documentos que describen los abusivos precios y condiciones, a los que sometían los riosecanos a los mercaderes foráneos y fueron éstos y las correspondientes tasas municipales, las que enriquecieron extraordinariamente nuestra ciudad durante varios siglos.

La tipología de pies derechos, zapatas y canecillos de la Rúa riosecana es enorme y sus diseños responden a la época de construcción de cada vivienda, siglo XV, XVI, XVII o XVIII. El añorado historiador Carlos Duque, experto en el arte mudéjar de la zona, hizo un interesante estudio de los mismos, así como una aguerrida defensa de su conservación. Sin embargo en los últimos decenios, hemos asistido al derribo de casi el 50% de las viviendas, sustituidas en muchos casos por horrendos bloques de pisos con soportales de hormigón y en otros, por viviendas que han sido reconstruidas con un diseño muy alejado del original y que incluso han desechado el aprovechamiento de elementos originales como canecillos o antepechos de hierro forjado, suplantando estos elementos con otros totalmente diferentes. Hoy apenas quedan en pie la mitad de las viviendas originales, muchas de ellas vacías y amenazando ruina. Existen numerosísimos ejemplos en otros países europeos de protección legal, restauración y conservación de construcciones similares, que deberían servirnos de ejemplo a imitar, sino queremos acabar de aniquilar uno de los tres símbolos, que junto con la torre de Santa María y la Semana Santa, identifican a Medina de Rioseco.

Volviendo al recorrido histórico de la arteria principal riosecana, diremos que en 1652 su nombre era el de Rúa de Castro, salvo la parte comprendida entre Santa Cruz y la Plaza Mayor, que era conocida como Rúa de Pañeros. Durante la II República fue bautizada como la Calle Libertad y el cambio de régimen político trajo una nueva denominación con el nombre de dos alcaldes riosecanos, Lázaro Alonso y Román Martín.

En 1868 ocurrió el hundimiento de una parte de las viviendas, cercanas a la Plaza Mayor, y desde el Ayuntamiento se decidió que debido a la estrechez de la calle, se prescindiera de reconstruir los soportales existentes en el lugar, de ahí que sea el único tramo de la misma que no los tiene, junto a la acera derecha comprendida entre Pablo Iglesias y Empedrada.

La Calle Mayor tenía solamente tres espacios abiertos. El primero era el Corro de la Leña, haciendo esquina con la Calle Cardenal Amigo, una pequeña plaza situada en el solar que hoy ocupa un conocido establecimiento de copas. El espacio fue cedido en los años 30 por el Ayuntamiento a un particular, que construyó en él, el Salón Ideal, que más tarde se llamó Bar España. El segundo de estos espacios es el Corro de Santa Cruz. Y el tercero de ellos la Plaza Mayor.

Escenario ideal de procesiones, desfiles militares, encierros taurinos, protestas, manifestaciones políticas, vermuts de media mañana, ajetreo de compras, paseos dominicales, tumultos por un concierto de Raphael o en la salida de una sesión de cine… lugar de encuentro de amigos, de desfiles de gremios y de griterío de pandillas de niños… más de 800 años después la Rúa, la Calle Mayor o los Soportales (porque lo de Lázaro Alonso o Román Martín, nunca acabó de cuajar) sigue siendo el centro vital de los riosecanos.

Terminamos con este reportaje la serie dedicada a las calles de Rioseco, acompañando el mismo con varias imágenes de la Rúa y con un plano de la ciudad, editado en 1852, en el que podrá contemplarse todo lo que hemos relatado y la evolución del urbanismo riosecano en los últimos 159 años.

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