La rama sefardí de los Pinto, la familia más rica de Holanda (I)


Teresa Casquete Rodríguez. Historiadora del Arte

Son escasos, muy escasos, los datos que existen sobre la población judía que en el pasado existió en Medina de Rioseco.  Algunos autores afirman que fue muy importante y que las grandes familias de mercaderes riosecanos (Benavente, Espinosa, Villasante, Medina, Aguilar, Palacios, Pinto, Cuadrado, Beizama…) profesaron la religión hebrea antes de convertirse al cristianismo para poder seguir con sus rentables negocios en Castilla. Otros aseguran que estas familias y sus actividades comerciales prosperaron gracias a la protección de los Almirantes de Castilla, los Enríquez, que también tenían origen judío y eran descendientes de Mosén Rubí. De ser esto cierto y teniendo en cuenta que el 50% de la actual población riosecana, desciende de estas familias (el otro 50% procede de inmigrantes de las localidades vecinas llegados a Rioseco en los siglos XIX y XX), podríamos asegurar que la mitad de los riosecanos actuales tendría un origen judeoconverso.

Lo cierto es que 1492 y los siglos XVI y el XVII, supusieron un gran golpe para la economía española. Primero por la conversión obligatoria impuesta por los Reyes Católicos a todos los judíos habitantes de sus reinos, bajo pena de expulsión de España y después por el irracional acoso al que sometió la Inquisición a todos los sospechosos de profesar en secreto otras religiones distintas a la católica. Estas medidas hicieron que muchos prósperos negocios, que regentaban estos españoles y que generaban una considerable riqueza al reino mediante la creación de empleo y el pago de impuestos y donaciones, fuesen clausurados y sus propietarios invirtieran el dinero familiar en la compra de títulos de hidalguía, así como en la adquisición de tierras, para poder vivir de las rentas sin realizar trabajos manuales, tal y como se esperaba que debía hacer un cristiano viejo. Es decir, en demostar que eran cristianos de toda la vida, con generaciones y generaciones de antepasados cristianos, sin rastro en su sangre de genes hebreos o musulmanes. Otros sin embargo, optaron por seguir con sus empleos y estilo de vida, trasladando casa, caudales y negocios a países más tolerantes en temas de religión.

Un ejemplo de ello fue el riosecano Rodrigo Álvarez Pinto, nacido en nuestra ciudad en 1510 y casado también en ella. Trabajó en la administración estatal en la provincia de Badajoz, hasta que harto del sinvivir en el que le tenía la Inquisición decidió trasladarse con su familia a Portugal. Allí el rey luso se dio cuenta del potencial que suponía un hombre con una inteligencia privilegiada como la de Rodrigo Álvarez y decidió ponerle bajo su protección y servicio. Los descendientes de este Rodrigo Álvarez Pinto, adoptaron como apellido familiar el de Pinto y casaron repetidas veces con hijas de conocidas y adineradas familias judeoconversas portuguesas, aunque siempre intentando ocultar su origen religioso, bajo el velo de un cristianismo más o menos fingido. Algunos miembros incluso intentaron volver a Castilla infructuosamente, comprando señoríos e importantes cargos en la administración estatal. Pero de nuevo el acoso de la Inquisición les obligó a trasladar sus negocios y casas, no a Portugal como anteriormente, donde también había comenzado una furibunda política antisemita, sino a Flandes y a Holanda, lugares en los que los judíos gozaban de una mayor libertad religiosa y de una aceptación total en la sociedad del momento.

El documento que reproducimos aquí es conocido como el Manuscrito de Pinto, el relato de la historia familiar redactada en portugués por su descendiente más famoso, Isaac de Pinto. La relación de antepasados comienza con nuestro paisano Rodrigo Álvarez Pinto, como podrán leer en él nuestros lectores y de él existen tres copias, una en la Biblioteca de la Congregación Portuguesa Israelita, de Ámsterdam, otra en la Biblioteca Rosenthaliana de la Universidad de la misma ciudad holandesa y la tercera está en manos de los descendientes.

(Continuará)

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