
Muchos de los comerciantes y taberneros consultados por este diario coincidían en un descenso de las ventas no cumpliéndose las expectativas. No obstante, algunos de los puestos dedicados al arte del buen yantar mostraban su satisfacción. Marina Santamaría, responsable de la taberna instalada por el bar España, aseguraba que las ventas están siendo similares a las del pasado año. “El que haga buena temperatura influye un 90 por ciento en los beneficios”, antes de mostrarse “contenta” por el resultado final.
Ana Ruifernández, del Bar Aries, dice que el balance es superior al de 2013. “Gracias a la buena climatología hemos visto más gente de otros lugares”. Además explica que se ha podido cerrar más tarde debido a la benevolencia del tiempo. Diana López y Sofía Porrero, dos jóvenes emprendedoras riosecanas, han montado un puesto de manualidades. Para ellas, las ventas han sido un poco “flojas”. “El día más fuerte ha sido el sábado por la tarde”, explican estas dos jóvenes que quieren dar a conocer sus trabajos artesanos.
Tradicionalmente el mercado medieval riosecano se ha venido celebrando en el último fin de semana de agosto, aunque algunos participantes se quejan de que las fechas no son beneficiosas: “fin de mes y fin de verano, donde la gente ya no gasta tanto”. Establecimientos como el de la Crepería de Pedro Hinojosa llegada del Bierzo comenta su desánimo por la escasez de ventas. “Mucha gente, pero de paseo”. El mejor horario de ventas: “a partir de las diez de la noche, por el día muy escaso”, remarca.

La Asociación de Mujeres Riosecanas (ASMURI) son otras de las agrupaciones que año tras año da a conocer sus labores en el arte de bolillos y patchwork. Sin intereses lucrativos “queremos que este trabajo se vea y que no se pierda y aconsejamos y enseñamos a las personas que quieran aprender”, dice María José Santamaría, quien cree que el número de visitantes ha descendido respecto otros años.
De la misma opinión es Nerea Legido, de Bronces Perero. “El promedio de visitantes y ventas ha sido más bajo que otros años. Puede que sea por la crisis, pero no hemos visto demasiado ambiente”, explica una de las responsables de uno de los puestos más populares y con más tradición en el Mercado de la India Chica, prácticamente presentes desde su primera edición. María del Carmen Zaragoza, de la localidad palentina de Torremormojón, se lleva un sabor agridulce. Por una parte, le han funcionado las trenzas de cuero, aunque las ventas en su expositor han sido escasas. No obstante, explica que hay que ser “positivos” y reconoce que sus ventas están más repartidas porque hay otros puestos similares al suyo.
Para Mari Cruz Martín este mercado ha sido su primera experiencia en el sector. Dice que no le ha beneficiado su ubicación, aunque está contenta con su mercancía: manualidades y marionetas artesanas. “Mucha gente mayor compra las marionetas porque son regalos curiosos, y solo con las felicitaciones recibidas ya me siento satisfecha”, concluye.
Variedad de opiniones, pues, como casi siempre. Mejor los puestos de hostelería que los de artesanía y mayor afluencia en las tardes, especialmente en la del sábado. Desde el Ayuntamiento se hace un balance satisfactorio del acontecimiento que ha beneficiado en general al sector hostelero riosecano.
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