La azarosa historia de la riosecana iglesia de Santa Cruz

El terremoto de Lisboa, el hundimiento de las bóvedas, los contrafuertes de la fachada, un incendio... hicieron de esta parroquia una auténtica ruina

Por Ángel Gallego Rubio

En 1543, el Almirante dio sentencia para la reedificación del templo de Santa Cruz, un edificio de estilo gótico que acusaba importantes problemas de fábrica. Comisionado por el arzobispo de Palencia, Rodrigo Gil de Hontañón diseña las trazas para la nueva iglesia y dan comienzo las obras en 1549 pero el Regimiento las paraliza intentando modificar su emplazamiento y entablándose un pleito con el vecindario, que reclamaba daños en sus viviendas por las obras.

En 1558 el pleito se resuelve a favor de la parroquia y diez años más tarde, al derrumbarse la techumbre de la antigua iglesia, se efectúa el traslado a una parte del nuevo templo, cuya construcción debía de estar avanzada. Las obras continuaron durante prácticamente todo el siglo XVII con nuevas trazas de Felipe de la Cajiga ejecutadas primero por Pedro de Mazuecos, que las abandona en 1606; Juan González de Sisniega -tras algún retoque en el proyecto por parte de Juan de Nates-, su sobrino Miguel González, Juan de la Cajiga o Pedro Gómez del Rebollar, entre otros. A partir de la década del 1660 se rematan las bóvedas por Francisco de Cillero y Felipe Berrojo.

La fachada es su elemento más destacado y recrea la diseñada para la romana iglesia del Gesú, por Jacopo Vignola, aunque con gran influencia de la severidad herreriana. El interior también sigue los modelos jesuíticos, con una amplia nave central y capillas laterales comunicadas por pasajes. A pesar de las dificultades de financiación que tuvo la obra, el interior de la iglesia llegó a estar ricamente adornado gracias a numerosas donaciones y beneficiarios.

Pronto comenzarían los problemas para el templo, pues en 1718, ya amenaza ruina el chapitel, que es derribado en 1724, y en 1728 se teme por la ruina del atrio y la fachada que han de ser reparados, aprovechando para colocar en esta las esculturas de Pedro de Sierra.

El terrible terremoto de Lisboa
El 1 de noviembre de 1755 un terrible terremoto con epicentro en Lisboa se dejó sentir en toda la Península Ibérica. Santa Cruz sufrió hendiduras en las bóvedas y una importante inclinación de la fachada. El coro hubo de desmontarse, se cerraron los arcos de algunas capillas y se pusieron grapas como testigos en los muros exteriores. Comenzó una restauración a cargo del arquitecto Juan Marcelino Sagarvinaga que dio por concluida la obra en 1803, cinco años antes de que las hordas francesas convirtieran por unos días el templo en almacén, cuadras y burdel. Pero los trabajos no surtieron el efecto deseado pues durante todo el siglo XIX (1839, 1844, 1845 y 1874) se han de efectuar importantes reparaciones, llegándose incluso a vender parte de las obras de arte para acometer esas obras.

El deterioro prosiguió durante la primera mitad del siglo XX y en agosto de 1953, D. Esteban García Chico, en un artículo publicado en El Norte de Castilla, advierte de la ruina inminente y solicita al estado la intervención. No estaba equivocado el erudito, pues el 24 de febrero de 1954 se hunde el tramo de la bóveda más cercano a la fachada. El templo se cierra al culto y se trasladan todos los bienes muebles.

Comienzan siete largos años de restauración con obras en las cubiertas, las bóvedas y la fachada. Para evitar el derrumbe de esta se colocaron unos enormes contrafuertes exteriores y en el interior se aisló la zona de las dos últimas capillas con un muro. En abril de 1962, la iglesia es reabierta sin poder habilitarse la entrada por la fachada principal, por lo que se resolvió abrir una puerta lateral con acceso a la tercera capilla del lado del Evangelio.

Una nueva vicisitud vendría a sumarse a los problemas estructurales. El 6 de diciembre de 1966, unas velas mal apagadas provocan un violento incendio que devora por completo el retablo dedicado a la Purísima Concepción y provoca daños en las yeserías de las bóvedas, desprendiéndose cascotes que incluso provocaron lesiones a uno de los voluntarios que se afanaban en sofocar el fuego.

En junio de 1969 se comienza a desmontar, piedra a piedra, la fachada principal ya que la solución de los contrafuertes no era efectiva y la inclinación alcanzaba cerca de 2 metros de desplazamiento. Entre 1970 y 1975 se vuelve a montar, a la vez que se reconstruyen los muros laterales de cerramiento y los muros intermedios de refuerzo de la primera crujía del crucero.

En alternancia con las obras, se suceden nuevos derrumbes parciales y los problemas se agudizan gravemente a pesar de los esfuerzos municipales por solventarlos (el alcalde Manuel Fuentes reclamaba el 25 de enero de 1976 en una entrevista en el diario ABC la intervención de la dirección general de Bellas Artes). El primer tramo de la iglesia, entre la fachada y el primer arco de carga, permanecía sin cubierta ni bóveda y el segundo tramo tenía la cubierta arruinada, con lo que el interior de la iglesia estaba totalmente expuesto a los fenómenos meteorológicos.

Con estos antecedentes la noche del 31 de enero de 1977, cuando habían comenzado los trabajos de reconstrucción de las cubiertas de las capillas laterales, sobreviene la hecatombe. Se desploma el contrafuerte del crucero del lado del evangelio y parte de la bóveda central a la que sigue, en abril de ese mismo año el contrafuerte de la capilla inmediata. La ruina de Santa Cruz parecía totalmente consumada.

Nuevas ideas, algunas rocambolescas
Comienza, tras dos años de abandono absoluto, a partir de 1979 un periodo en el que se idean diversos usos para el templo, desechándose por fortuna algunos que proponían crear en las ruinas un foro o plaza descubierta, o incluso un centro deportivo, que culminó en 1985 con el que preveía la creación de un centro cultural de usos múltiples con varios salones de exposiciones y conferencias. Una obra para la que la Junta de Castilla y León invertiría 120 millones de pesetas y tendría una duración de 30 meses.

El proyecto, no exento de polémica, se encargó al arquitecto guipuzcoano José Ignacio Linazasoro, por entonces catedrático de proyectos de la Escuela de arquitectura de Valladolid, y decidía una restauración “fidedigna” del edificio, proponiendo “una nueva bóveda de cañón construida en madera sustituyendo la bóveda de lunetos ornamentada con yeserías. De tal manera se reemplaza la decoración barroca por la expresión tectónica de la materialidad del elemento. Se busca reinterpretar la bóveda desaparecida desde el lenguaje contemporáneo, mediante un elemento más abstracto constructiva y formalmente, que refuerza la idea de espacio clásico”

Los 30 meses previstos, se convirtieron en más de una década de obras y avatares, acometiéndose la reconstrucción de buena parte de las capillas del lado del Evangelio, incluidos los pilares y capiteles de las dos primeras, y la bóveda de la nave central. Hasta que el 18 de febrero del año 2000 se inauguraba en su interior el Museo de Semana Santa de Medina de Rioseco, recuperando la iglesia de Santa Cruz parte del esplendor perdido y albergando en su interior algunos de los tesoros más queridos por los riosecanos como son sus pasos procesionales.

La galería fotográfica que acompaña a este artículo, procedente de diversos archivos y colecciones muestra diversos aspectos de los derrumbamientos.

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