Homenaje a Radio Rioseco: el ayer nos espera el sábado


José Antonio Pizarro García

José Antonio Pizarro, junto a Gonzalo Franco, en una retransmisión de un pregón.

Ahora que en nuestra ciudad se ha puesto de moda y hecho costumbre celebrar quintas, jubilaciones, bodas de oro, etc. no está de  más el homenaje/recuerdo a Radio Rioseco, cumplidos más de treinta años desde el inicio de las emisiones. Tanto se ha demorado que algunos ya no están para celebrarlo: Chema Román y  Santiago Martín (perdón si me olvido de alguien). Lástima.

Como dice el refrán, santos de casa no hacen milagros. Es lo cierto que nadie del numeroso grupo que formó parte del proyecto ha movido un dedo en este tiempo -que yo sepa- para recordar aquel admirable empeño, y los jóvenes que impulsan actualmente la política y el quehacer socio cultural de la ciudad no fueron oyentes,  ni conocedores directos del alcance  y repercusión que la emisora tuvo. De modo que, unos por otros la casa sin barrer, aquella aventura altruista, cuajada, audaz, anárquica, espontánea, surrealista a veces, festiva y diletante cayó en el olvido. Deberíamos darnos cuenta que abandonando nuestra propia memoria, olvidando, por renuncia o pereza mental lo que fuimos, el vacío de ese modo generado nos empobrece a todos. Un ejemplo reciente, en sentido contrario, fue el espectáculo del pasado mes de octubre La última vuelta al ruedo, repaso documentado, creativo, original y ameno de nuestra historia taurina.

Chema Román (izda) y Santiago Martín (agachado), ambos de Radio Rioseco, ya han fallecido.

Hace ahora dos años, con motivo de su muerte, publiqué un artículo titulado Una conversación pendiente con Chema Román. Era un emocionado homenaje a él, pero también  a la Radio, en cuyo entornó pasó –pasamos- grandes momentos. Entre líneas, sugería algo similar a lo que ahora se va a celebrar.

Aquel empeño sirvió para tener informado a Rioseco como nunca antes lo había estado. Fue un espejo instalado en la sociedad  para vernos reflejados en él. Por aquellos micrófonos pasó y habló todo el que quiso (cara y cruz, virtud y defecto). Fue útil para conocernos mejor.         

Resultó también una  plataforma donde  un numeroso grupo de jóvenes  vertieron su iniciativa, ilusión, afán creativo, solidario, entregando parte de su tiempo libre de forma totalmente altruista. Bautismo y Jordán del luego gran profesional del medio Javier Cuevas. Lugar de encuentro y forja de muchas amistades que, treinta años después -en algunos casos-  perduran.

Bueno será evocar parte de todo aquello con los protagonistas y los oyentes, en un reencuentro que será emotivo para todos. Hasta donde se, los organizadores  han atado muchos cabos, conseguido bastante material de fonoteca, gráfico y  contactado con gran parte de los radiofonistas amateur de la época.

 El ayer nos espera el sábado. Cualquier tiempo pasado no fue mejor, pero, probablemente, van a hacernos creer que lo parezca.

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