El Vía Crucis reparte Amparo en Rioseco con permiso de la lluvia

El Cristo del Amparo recorre por las calles las catorce estaciones de la Pasión.
El momento más emotivo llegó en el encuentro con La Dolorosa.

Fernando Fradejas

Las previsiones meteorológicas no eran muy halagüeñas para este Miércoles Santo riosecano, pero afortunadamente se confundieron. El viento se alió con el Vía Crucis y probablemente desplazó las nubes que llevaban agua. Por eso, tras la Eucaristía presidida por el sacerdote Francisco Casas que ponía fin al triduo, se iniciaba el Vía Crucis Procesional.

El Cristo del Amparo, portado por diferentes cofrades de las 17 hermandades riosecanas, salía a la calle por la gótica puerta de Santa María dispuesto a recorrer las catorce estaciones de un Vía Crucis que conmemora su Pasión y Muerte.

En algunos puntos del cortejo, catorce cruces de madera indicaban el lugar donde recordar cada uno de los hitos de la Pasión. Una oración y una reflexión. Pero el momento más emotivo llegó, una vez más, en el atrio de Santiago, al cobijo de la imponente fachada plateresca. El Cristo del Amparo, verdadera devoción del cardenal riosecano Carlos Amigo, se encontraba con su madre en el Camino al Calvario, uno de los momentos más emblemáticos de la Pasión de Jesucristo.

La Dolorosa, de forma solemne abandona el templo de Santiago, para recibir al crucificado.La procesión va recorriendo calle de Los Lienzos, Plaza Mayor, Rúa Mayor y calle de Santa María para llegar, de nuevo, al punto de partida, donde el Vía Crucis llegó a su fin con el canto de la Salve.

La primera de las procesiones que, a priori, estaban amenazadas por la lluvia logró que se celebrara sin problemas climatológicos. Los cofrades esperan que sea una signo para que los días grandes de la Semana Santa riosecana puedan, con sus pasos, brillar en la calle.

La Hermandad del Descendimiento celebra la imposición del sudario
Tras el Vía Crucis, la Hermandad del Descendimiento celebró -como es habitual- la imposición del Sudario. Tras la lectura evangélica, la hermana de La Escalera, Susana Álvarez, fue la encargada de glosar el acto, seguido por muchos cofrades y riosecanos. Con una emotiva alocución, en la que habló del sentimiento de Hermandad, revivió un Viernes Santo junto a La Escalera.

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