El último galope de D. Ángel Peralta


Curro Leyes

 

Y enjaezó su montura para cabalgar por las veredas de la eternidad…

Y Rioseco se vistió de luto. La Giralda de Sevilla ordenó tocar sus campanas con la despaciosidad que la ocasión lo requería para llevar la mala nueva a su homónima de la Ciudad de los Almirantes, la torre de Santa María. En Sevilla, en La Puebla, dicen que ha fallecido D. Ángel Peralta Pineda.

Al paso de tan trágica noticia lloraron de tristeza los verdes campos terracampinos, los soportales de la Rúa Mayor derramaron sus lágrimas sobre sus angostas calles, el Coso del Carmen se estremeció y sus piedras resudaron lágrimas de pena y tristeza que anegaron el ruedo. El Hospital-Casa Asilo se quedó huérfano de padre y Medina de Rioseco perdió a su Hijo.

La eternidad solo es para los inmortales y D. Ángel aunque lo pareciera no lo era, y un día de abril, y a lomos de su montura cabalgó hacia el olimpo de los dioses, de los elegidos. Allí le esperaban las grandes figuras del Arte de Marialva, pero también las del toreo a pie, y las gentes del campo, y las de la poesía… Adiós Ángel, adiós D. Ángel, gracias por tanta generosidad, gracias por hacer de Rioseco no sólo un referente taurino sino también una ciudad más próspera, solidaria y generosa.

Cosas de la vida que el verano pasado charlando con su sobrino Rafael en la playa gaditana de El Buzo, le pregunté por su padre y su tío al mismo tiempo que me hacía saber el amor y el apego que su familia sentía por Rioseco, comentándome la posibilidad de mantener ese vínculo con nuestra Ciudad a través de un novillero al que estaba ayudando. Desde luego que sería bonito que ese cordón umbilical no se perdiera en el tiempo y que la familia Peralta de una u otra manera siguiera vinculada a nuestra Ciudad.

No esperaba este desenlace tan repentinamente aunque sabía de sus dolencias, pero también es cierto que todos teníamos en la mente desde hace tiempo la figura de un D. Ángel “achacoso”, fruto del toro de la carretera y de la intensa actividad llevada a cabo por y para el toro y el caballo.

La marcha de uno de los que formaron aquel exitoso cartel de los Jinetes de la Apoteosis (junto a su hermano Rafael, Álvaro Domecq y Samuel Lupi) deja huérfano no sólo a La Puebla del Río y a la Ciudad de los Almirantes sino también a todos aquellos lugares y plazas donde triunfó toreando a caballo o actuando con su espectáculo de caballos. Y por su irreparable pérdida no sólo lloró el mundo del toro sino también el mundo del campo, el del caballo, el de la poesía y la literatura, porque el protagonista de este artículo era un hombre polifacético.

Y prueba de ello, y a modo de anécdota lo cuento, que en mis años de universidad y de pertenencia a la Asociación Taurina Universitaria, me encomendó el entonces presidente de la misma que hiciera las gestiones oportunas para “contratar” a D. Ángel Peralta a fin de disertar sobre el mundo del toro y del caballo en el Salón de Grados de la Facultad de Derecho (bonita época sin duda recibiendo la visitas de grandes figuras del toreo), a lo que desde un principio, como era de esperar por su amor a todo lo que oliera a toros y caballos, mostró su aquiesciencia. Una vez fijada la fecha y como no podía ser de otra manera el que suscribe el presente artículo avisó a Sor María y a D. Eduardo Franco, entonces alcalde, así como a otros paisanos que no dudaron en asistir al acto. Pues bien, durante hora y media estuvo recitando poesías sin apenas ayudarse de papel. Genio y figura.

Ángel fue un personaje especial, con una personalidad y un carácter arrollador, un líder carismático, una persona difícilmente irrepetible. No crean ustedes que organizar un festival durante cincuenta años es fácil, pero menos aún es, que año tras año, vinieran las máximas figuras del toreo. Hay dos factores muy decisivos que confluían en su persona: la fuerza que tenía nuestro “hermano adoptivo” en el toreo y el carisma que atesoraba.

En el mundo del toro, lo fue todo, absolutamente todo. Como se dice en la jerga taurina un “figurón del toreo”, un revolucionario del arte de Marialva aportando nuevas suertes como los pares de banderillas a dos manos y la suerte de la rosa entre otras. No es fácil hablar de su legado por su extensa y fructífera carrera siendo numerosos y cuantiosos los éxitos cosechados pero, por encima de todos ellos hay uno, y es que sentó las bases del toreo a caballo moderno.

Pero si exitosa fue su trayectoria profesional no menos lo fue su vida personal, la cual se vio enriquecida por sus obras benéficas, y concretamente la realizada en Medina de Rioseco, de la que yo personalmente como riosecano siempre estaré enormemente orgulloso, y espero y deseo que su nombre, y el de la familia Peralta, siempre esté vinculado a nuestra Ciudad.

Lejos queda aquel día del año 1954 en el que dos monjitas, Sor María y Sor Micaela, se presentaron en el desaparecido Hotel Conde Ansúrez de la capital vallisoletana para pedir auxilio con el fin de poder seguir dando cobijo y alimento a los ancianitos de la Casa-asilo (hasta entonces vivían de las limosnas que Sor María se encargaba de ir casa por casa recogiendo), y como no podía ser de otra manera, y tras escuchar sus plegarias, les brindó su ayuda en forma de festival taurino, que si bien  el primer año no se celebró en el marco de las fiestas patronales sino en el mes de noviembre, se prolongó durante cincuenta años convirtiéndose en uno de los de más solera del panorama nacional, acudiendo gran gentío hasta el punto que el día que se celebraba el festival se convirtió en la fecha más importante del calendario festivo riosecano siendo conocido ese día como “San Peralta”…con el permiso de San Juan.

Y de esa manera nació una relación de amor y respeto hacia D. Ángel Peralta Pineda, pero sobre todo de profundo agradecimiento. Y prueba de ello es que una de las calles del casco histórico lleva su nombre. Posteriormente el Ilustre Ayuntamiento le nombró Hijo Adoptivo de Medina de Rioseco, y su “segunda casa”, la Casa-Asilo y hoy Residencia Sancti Spiritu y Santa Ana mandó esculpir un busto que se instaló a la entrada de la misma. Además en los albores del siglo pasado un grupo de aficionados al mundo del caballo, entre los que tengo el honor de formar parte, se constituyó en club bajo el nombre de Club Caballistas Riosecanos Hnos. Peralta.

Quiero terminar estas líneas de agradecimiento y de homenaje a la figura de D. Ángel expresando mi más sentido pésame y tristeza no sólo a su familia de sangre y a su familia taurina, sino también a todos lo riosecanos, con el pleno convencimiento que su cabalgar por las veredas de la eternidad será tan exitoso como lo fue en todas las plazas del orbe taurino.

 

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