El esplendor perdido de la iglesia de Santa Cruz


Teresa Casquete. Historiadora del Arte


Un miembro de la riosecanísima familia de los ‘Cutos’ me ha preguntado no sé las veces, por la existencia de alguna fotografía del lateral derecho de la iglesia de Santa Cruz. Pues bien, aquí esta la ansiada imagen.

¡Qué de riquezas artísticas se guardaron en esta iglesia! ¡Qué innumerables obras artísticas adornando techos y muros! ¡Hasta el hueco más minúsculo estaba ocupado por una voluta, un florón, una columna entorchada, un lienzo, un relicario… y todo ello perdido. El terremoto de Lisboa, los malos cálculos de los arquitectos, un incendio, un derrumbe… pero principalmente, la desidia, el conformismo, la negligencia, la incultura de algunos, y el ‘interés’ descarado de otros. Todo ello hizo que este hermoso templo se viniera abajo y sus incontables riquezas acabaran en el mercado de las antigüedades. Sin desplazarse muchos kilómetros, una conocida cafetería de la calle Ruiz Hernández, de Valladolid, exhibe en su local los restos de uno de los retablos churriguerescos de esta iglesia y se cuentan por cientos los hogares españoles que lucen en sus salones objetos salidos de estas mismas naves y de estas mismas capillas.

Hoy Santa Cruz, conserva una pequeña parte de sus retablos y bienes, en el Museo de Semana Santa, como despojos de su esplendoroso pasado. Pero… ¿dónde fueron a parar tantas donaciones de los ricos comerciantes, de los hidalgos, de los obispos y de los indianos riosecanos? ¿dónde está la majestuosa lámpara que alumbraba la nave principal? ¿dónde los grutescos de yeso de las bóvedas? ¿dónde las esculturas, pinturas, la sillería, las colgaduras de seda, las alfombras, los relieves, los pequeños objetos de orfebrería, las monedas y los restos que se guardaban en el interior de las sepulturas? ¿Dónde está la cruz de piedra que remataba la fachada principal? ¿Y los leones que adornaban el atrio? La mayor parte de ello, fue vendido en una inmoral y bochornosa subasta pública, para financiar una supuesta restauración que no llegó a hacerse nunca y el resto simplemente desapareció ‘milagrosamente’.

Sirva pues, esta fotografía, para vergüenza de todos los culpables del expolio, el saqueo, la rapiña y la venta ilegal del rico patrimonio de Santa Cruz, de los que lo hicieron y de los que les dejaron hacer, que tan culpable es el que la hace como el que la consiente. Que lo que no hicieron ni las guerras sangrientas, ni los ejércitos napoleónicos, lo hicieron los propios riosecanos.

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