El Cine español reencuentra a su público

Repaso a los estrenos: El hombre de las mil caras y tarde para la Ira

Gonzalo F. Blanco

Da gusto, y hasta vértigo, ver el conjunto de películas de gran calidad que coinciden en las pantallas en octubre. Continúan proyectándose la deliciosa Cafe Society de Woody Allen, que es como el regalo anual cinematográfico que nos hace un viejo amigo, Suburra de Stefano Sollima sobre la corrupción y la mafia en la Italia actual, pero también sobre la confusión entre realidad y espectáculo en la sociedad contemporánea, No respires de Fede Álvarez, claustrofóbica película de terror de un género que pudiéramos denominar “el primero global, sin nacionalidad”… Y además El porvenir de Mia Hanse-Love, Vientos de La Habana de Félix Viscarret, o La reconquista de Jonás Trueba, que dejamos solo citadas.

Y la noticia no nueva pero sí confirmada de que el cine español ha reencontrado a su público. Las pruebas:

 hombre–El hombre de las mil caras de Alberto Rodríguez (Grupo 7, La isla mínima), puede ser la película inaugural de un nuevo género en el cine español: el thriller político de espías. Se podrá objetar que el thriller español como tal, en su subgénero policial, ha dado algunas buenas películas, o que el cine político ha sido un género frecuentado en abundancia y poco acierto, en general, en el pasado, pero el cine de espías… Alberto Rodríguez ha encontrado la fórmula para fundir los tres. Por una lado continúa haciendo un repaso desmitificador de la Transición -de su versión rosa-, iniciada en Grupo 7, y por otra parte da a sus historias “políticas” un ritmo propio de los géneros policial y de espías. Y si el género policial o negro tiene una tradición en el cine español, el género de espías o antiespías -¿qué es Paesa?- es inédito. No estamos ante un héroe del tipo de las novelas de John Le Carré -aparte de la complejidad patológica de nuestro “espía”-, pero sí ante un cínico que nos produce simpatía y que cuyo arquetipo ya retrató Joseph L. Mankiewicz en Operación Cicerón (con James Mason).

hombre2La rocambolesca historia de Paesa y de Roldán -y de algunos otros- estará en el recuerdo de los lectores: Roldán, el director de la Guardia Civil que robó unos 1.700 millones de pesetas gracias a comisiones ilegales y a la ‘apropiación’ de fondos reservados; Paesa, un sinvergüenza internacional con aires de James Bond, traficante de armas y de dinero ‘negro’… Alberto Rodríguez se ha propuesto, como hace el cine estadounidense habitualmente, repasar nuestra historia reciente y hacer un oportuno ajuste de cuentas. “Eran los tiempos en que viajar en avión no era como viajar en autobús…” Así empieza la película, para contarnos una historia de pícaros y corruptos, de gente que se justificaba, como hoy, con el argumento de que robaban todos.

Un guion de relojería y una dirección vibrante que usa el ritmo del género -no lo olvidemos- para hacer una autopsia de un país y un momento histórico. Todo cuadra, pues es ley de género, pero a la vez la distancia le permite ahondar en la complejidad de las motivaciones de los personajes, en sus fragilidades y psicopatologías.

Eduard Fernández es Paesa (pero Paesa no es Eduard Fernández, suponemos). El actor se ha apropiado del personaje y lo supera seguramente. Carlos Santos compone un Roldán a la vez chulesco y frágil, y decididamente incauto. Marta Etura, como la esposa de Roldán, es una mujer fuerte y leal (¡!) a su corrupto y cobarde marido… José Coronado es José Coronado.

Casi dos horas de cine que mantienen al espectador sin respiro, y sin dificultad para seguir la trama… El cine estaba lleno. Un hecho insólito. Alberto Rodríguez ha encontrado además la fórmula para conectar con el público. Un genio, ¿no?

ira–Tarde para la ira de Raúl Arévalo es la ópera prima de un actor que ha estado presente en algunas de las películas que han revitalizado el cine negro español: La isla mínima, Cien años de perdón… Su primera película como director cuenta la historia de una obsesión homicida, a la vez que hace el retrato de una parte de la sociedad que el director conoce de primera mano, y de unos personajes que no solo destilan verdad sino que también parecen nuestros semejantes. Un argumento social o sacado de la ‘vida real’ con un tratamiento de género, de thriller en este caso. Lo cual la emparenta con el cine de Alberto Rodríguez, por ejemplo.

Historia de una venganza largamente demorada que gira sobre un hecho que rompe una vida -un asesinato salvaje, sin sentido- y sobre la imposibilidad del olvido o de la redención. Historia de perdedores que han quedado atrapados -víctima y victimarios- en uno hecho funesto de sus vidas del que no pueden liberarse y que, en consecuencia, solo genera más violencia.

Antonio de la Torre en el papel de víctima compone un personaje ambivalente, nada heroico, cuya vida solo tiene sentido en el cumplimiento de su venganza, que a la vez es una maldición. Luis Callejo, Ruth Díaz o Manolo Solo están perfectos en sus papeles de personajes atrapados por su pasado y condenados a vidas sórdidas y sin salida.

ira2La película ha sido rodada en 16 milímetros, en celuloide -y no en formato digital- para conseguir atrapar ese ambiente cutre de ciertos lugares que si no son marginales sí rozan la marginalidad. Un buen de guion -con algún desfallecimiento- y una buena de dirección de arte nos hacen familiares esos bares, esos gimnasios o esas parcelas en los que se desarrollan los hechos.

Gran debut de Raúl Arévalo que nos deja con ganas de ver sus siguientes películas.

mv5bytcxyjm0njgtztk1os00mtc3lwizzjktnwvmywq1owe4mzuzxkeyxkfqcgdeqxvyndkzntm2Y una breve coda para dos grades películas y para los lectores pacientes que hayan llegado hasta aquí: Neruda de Pablo Larraín (No, El club), es un acercamiento a la vez serio, desenfadado y desmitificador a Pablo Neruda, gran poeta civil y ‘chileno universal’. Pablo Larraín y su guionista Guillermo Calderón especulan sobre las leyendas paradójicas en torno a Neruda, construidas en buena parte por él mismo y por ese destino de poeta que encarnaba una idea del futuro de la humanidad. Y el director lo hace en contraposición a un policía que le persigue y que acaba sospechando que no es real sino la creación de un poeta que le da sentido. Historia de un perseguido y un perseguidor entre la realidad y la ficción. Una obra excepcional con actores a su medida: Luis Gnecco y Gael García Bernal.

elle-258494210-largeElle de Paul Verhoeven supone el regreso a la dirección de un maestro (Robocop, Desafío total, Instinto básico…). Lo hace en Francia, después de que no consiguiera financiación en EE.UU., ni que ninguna “estrella” se atreviera con el papel de Elle. Sí se ha atrevido la francesa Isabelle Hupert con su genio habitual. Película políticamente incorrecta al atreverse a hablar de un tabú social que es preferible no desvelar al lector; película, además, poliédrica, llena de hechos circunstanciales que enriquecen la historia, verdadero retrato contemporáneo, recorrida por un humor cáustico y por una violencia cuya interpretación no es unívoca. El inicio de la película es una genialidad: Una pantalla en negro, ruidos de violencia y de repente…

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