Diego, Hijo Predilecto. Inteligencia, vocación y esfuerzo


Por José Antonio Pizarro García

Diego, Hijo Predilecto. Inteligencia, vocación y esfuerzo. Al paso de los años, si se hace recuento de la gente que uno ha ido conociendo, puede incluir en un determinado grupo a aquellas personas cuyo trato percibimos que nos mejoran. Gente generosa, que valora la amistad, que lo que hacen y dicen tiene coherencia; con ideas claras y un proyecto de vida definido. Mantenido en el tiempo. Tras veinte años de relación, incluyo a Diego entre ellos.

En un pueblo sin tradición ni gusto por la música clásica (Isabel Espeso y Vélez es una anécdota, y habrá excepciones que confirmen la regla) la aparición de Diego es un caso excepcional e insólito. Explicable sólo desde el conocimiento del personaje: inteligencia, vocación, esfuerzo y sensibilidad. Entre las oscuras calles del Pescado, Mayor y Armas vio pronto con claridad cómo son las cosas, un camino. Hizo cuenta de lo que a él tocaba decidiendo acometerlo sin desmayo, desde aquí mismo, desplazando el horizonte. Sin renunciar a su presencia cotidiana entre esas calles, la cercanía de los suyos, incluido su padre, ausente/presente desde hace ocho años. Y la llegada de Pablo, para cubrir sin cubrir vacíos…

F.R. de Chateubiand afirmó que “el hombre no tiene necesidad de viajar para crecer; lleva consigo la inmensidad”. Apoyado en esta cita Diego escribía en 2006: “Esas palabras llevan a concluir que lo trascendente está insertado en nosotros como un proyecto ineludible, decidido a transformarnos con un empuje arrollador en el que, no obstante, nuestra voluntad tiene el poder de verse involucrada y tomar parte activa en el proceso”. Lo dijo en su magnífico pregón de Semana Santa, uno de los que más hondo ha calado entre los riosecanos, por su conocimiento de lo que hablaba, la sensibilidad al abordarlo y el cariño a este pueblo que ahora le reconoce como hijo predilecto.

Termino, también, con palabras suyas: “(…) los sueños no se conforman, en ocasiones, con cumplirse, sino que pueden agrandarse” (El tiempo incinerado). Que se cumplan y agranden todos los tuyos, dilecto. Los amigos haremos fiesta de ello.

Marina te envía un beso.

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