
La figura, que emana una intensa espiritualidad y profundo misticismo, huye de la iconografía trágica y patética de la imaginería tradicional imperante en la época, lo que le supuso algunas críticas cuando fue expuesta por primera vez a mediados del mes de diciembre de 1926 en el estudio del escultor en el Paseo de Rosales.
Al mismo tiempo de este encargo, realizó otra obra exactamente igual, que forma parte de la colección del Museo Victorio Macho, que es la que ahora puede visitarse en la exposición Passio, en la iglesia de Santiago de los Caballeros en Medina de Rioseco.
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