Clemencia en las calles de Rioseco

La climatología dio un respiro para que el Cristo de Bolduque desfilara en la ciudad
La Cofradía del Cristo de la Clemencia estrenó nuevos faroles en su paso

Fotos: Fernando Fradejas y David Carpintero

Clemencia en la calle: Con el Cristo que toma este nombre en Rioseco y con la meteorología que, sin lluvia y con una temperatura más agradable que en pasados días, hizo que el imponente crucificado que en Rioseco se apellida de la Clemencia desfilara con solemnidad por las viejas rúas porticadas.

A las 22 horas, tras un acto de contrición de los cofrades de la hermandad más joven de la Semana Santa de Rioseco, el Cristo tallado por Bolduque a finales del Siglo XVI salía de su templo de Santiago, bajo los acordes de la marcha Clementia. Interpretada por la Banda de Cornetas y tambores que toma nombre del crucificado. La novedad en esta ocasión eran los cuatro faroles que adornaban el paso y que han sido realizados por Bronces Perero.

En silencio, el Cristo, alumbrado por su cofradía y seguido en la cola de procesión por cientos de fieles, alcanzó la Plaza Mayor completando la calle de los Lienzos. El desfile solemne por la penumbra de las calles, se hizo aún más espectacular cuando llegó a la altura de la iglesia de Santa Cruz y se adentró en el corazón de la calle Mayor. Entre sus soportales, bailó, que es como en Rioseco se llama al ligero balanceo que los cofrades que portan el paso imprimen para dotar de mayor brillantez al desfile.

Una hora después de su salida, el Cristo de la Clemencia se aproximaba a la iglesia de Santa María, para celebrar un acto de oración. La maniobra de entrada por la puerta, bajo el órgano barroco, fue precisa y complicada. Muy parecida a la que tuvieron que realizar los cofrades para sacar al Crucificado por la puerta principal del templo y encaminarse, calle Mediana abajo, hasta la iglesia de Santiago, donde concluiría el cortejo.

Pero antes de entrar al impresionante templo jacobeo, Rioseco despedía a su Cristo de la Clemencia cantando. De nuevo espectacular maniobra de entrada y la procesión terminaba, como terminan todas en esta ciudad: rezando de rodillas, ante el paso.

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