Cine para elegir y para todos los gustos: The Square de Ruben Ostlund, una demoledora sátira sobre el arte y las convenciones sociales, Hacia la luz de Naomi Kawase, que estuvo en la sección oficial de la SEMINCI, la histriónica y discutible En realidad nunca estuviste allí de Lynne Ramsay, Tierra de Dios de Francis Lee, Jupiter’s Moon de Kornél Mandruczo… y algunas películas de producción española y temática muy variada, como Oro de Agustín Díaz Yanes, La higuera de los bastardos de Ana Marugarren, la naíf y “jeanvigoísta” Tierra firme de Carlos Marques-Marce, o las dos que se comentan a continuación que, casualmente y en aspectos tan diferentes, hablan de los libros y de la lectura, o de la creación y la impostura…

Pero lo que hace que esta historia, bella y trágica en su origen (sobre una novela de Penelope Fitzgerald) alcance altas cotas de emoción y sublimidad, está en la puesta de escena de Isabel Coixet, que recrea con sutileza un mundo ya desaparecido (la Inglaterra de 1959), no tanto como pudiera ser, sino como nos ha llegado a través de la literatura y del cine inglés de la posguerra: de Breve encuentro de David Lean, por citar un ejemplo.
Una puesta de escena cuidada al detalle que no es un mero atrezzo, sino una representación del amor a los libros como objetos, a las viejas casas, al paisaje, y al hecho mismo de leer y compartir opiniones sobre los libros y las lecturas. Hubiera sido imposible esta hazaña fílmica sin una gran dirección y sin actrices y actores como Emily Mortimer o Bill Nighy, que mantienen diálogos milimetrados sobre sus gustos literarios o sobre la vida, con pleno acierto en su gestualidad.
Una película bella, trágica, sobre personas que defienden la dignidad humana y la calidad de la literatura contra los prejuicios y las maledicencias de la sociedad del momento, formalista e hipócrita. Lo dicho: un gustazo.

Toda esta normalidad se derrumba… Pero no adelantemos la trama, porque es bien sabido gracias a los gurúes de la economía, que toda crisis es una oportunidad. La oportunidad para este hombre normal, sin atributos especiales, castigado por una crisis personal demoledora será hacer lo que siempre ha deseado: escribir de verdad sobre la vida que le rodea, poniendo sus atributos sobre la mesa si es preciso, como un revivido Hemingway. Al menos esta es la mercancía averiada que le vende el profesor de un taller de literatura prete-á-porter -con bastante apetito, por cierto- y que nuestro héroe se dispone a llevar a cabo.

Un guion notable por la sabiduría con que hila cada cambio de escenario, cada personaje y su idiosincrasia, cada estado de ánimo, y que solo es posible con la complicidad de unos inspirados y entregados actores: Javier Gutiérrez, en primer lugar, pero también Antonio de la Torre o Adelfa Calvo.
No se la pierdan.
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