La otra penitencia: la limpieza de las iglesias en Semana Santa

Una cuadrilla de mujeres se encargan de que estén limpias y relucientes estos días

Fotos: Fernando Fradejas

Si hay unas fechas en las que las iglesias de Rioseco lucen como nunca es en Semana Santa. Pero para que cofrades y visitantes se las encuentren limpias y resplandecientes existe un trabajo, previo y duro, casi siempre callado. Es la cuadrilla de mujeres que, habitualmente, se encargan de la limpieza de los templos, con especial ahínco en la Pasión.

Se trata de un grupo de una docena de riosecanas que ponen su trabajo, su esfuerzo y su experiencia para que las iglesias reluzcan estos días. María Isabel Martín Lorenzo es una de ellas. “Limpiamos Santa María, Santiago y la iglesia de los Padres siempre en estas fechas, aunque solemos hacer otra limpieza general antes de Castilviejo, en Santa María; y en octubre, en San Pedro”.

Durante varias jornadas, la cuadrilla de mujeres se afana porque todo quede reluciente. Se barre, se friega, se limpian altares, bancos, los coros, la capilla de los Benavente, sacristía, las puertas y se saca toda la plata para su correcta limpieza. Coordinadas por Vicenta Fernández, que es la que se encarga de avisar al resto de mujeres, hacen su trabajo altruista de forma alegre y responsable.

“Nos da mucha alegría ver el resultado y lo limpias que están las iglesias para las procesiones”, dice Maribel Martín, quien pide ayuda a quien quiera colaborar. “Las puertas están abiertas para todas aquellas personas que quieran echar una mano”. Y es que si hay una cosa clara es que las iglesias no se limpian solas y a todos, riosecanos y cofrades, nos gusta presumir de ellas, especialmente en estos días de Semana Santa.

1 Comentario

  1. Muy interesante información escrita y sobre todo gráfica del trabajo en el anonimato y con frío… que realizan esas personas, motivadas gozosamente por su fe cristiana. MUCHAS GRACIAS como fiel y sacerdote y turista, que desde hace unos años me hago presente y participo en ocasiones. QUE DIOS SE LO PAGUE.

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